POGO EL DOGO

14.10.2020

Eras peluche vivo.

Almohada, bolsa de calor,
cola de rata, gruñido de amor.
Eras sordo, blanco, raro, medio cabra, un poco gato, cachorro eterno, dogo salvaje, alma indomable, espíritu libre, amigo simple, pantera intrépida, orejas sonrientes, vida hecha vida.
Eso y más.
Era 'Pogo' por saltarín y fuerte. Era 'el dogo' porque su raza así lo decía.
Era una combinación genética, el resultado de un experimento humano; una raza de esas artificiales que cargan con los errores que Dios no cometería.
Tanto se ha escrito sobre los perros y sus alegres colas, sus almas incontables, sus cortos años para nuestras desoladas almas. Tanto se ha dicho que nada les hace justicia.
No quiero escribir una pobre oda de los perros, el epitafio triste al amigo que se va.
No quiero escribirte y te escribo porque ya nada será igual.

Adiós 'Pogo el Dogo'. Adiós... Y no más.


Natalia Silva Ramón
Bogotá, 14 de octubre de 2020