Opinión: NO DÉ MÁS PAPAYA: NO PIQUE MÁS LA QUE OTRO SIRVE 

24.10.2013

Propuestas de una ciudadana para hacer una Bogotá más vivible

Estamos jodidos, eso sí. Tal vez es lo único en lo que el 100% de bogotanos estamos de acuerdo: Jodidos, sí, y sin ningún tipo de esperanza ¿O es que usted todavía cree que los alcaldes taparán los huecos, mejorarán la movilidad y acabarán con los ladrones de Bogotá? No, tal vez no el actual, pero con certeza el nuevo alcalde al que elegirán unos pocos con rabia por lo que hizo el anterior. Si es así, si usted es de los que cree eso, usted, como la mayoría de los habitantes de Bogotá lo que espera es un mago, no un alcalde.

Pero bájele a los humos: No escribo esto para hablar a favor o en contra de nadie, ni para hacer política ¡Basta! Para mí el problema de Bogotá no va en Petros, Ordoñez, Santos, Peñalosas ni Pardos. No señor. El problema grave y jodido de Bogotá somos los bogotanos. Y ese problemita no se arregla con cambios de alcalde, ni mágicamente sino con un radical cambio de conciencia. - ¡Educación! ¡Educación! ¿Dónde está Mockus en estos casos? - Podrían gritar algunos desesperados que entienden que se necesita un cambio de actitud. Pero señoras y señores, gente que habita Bogotá: La solución no está en nadie más. La solución la tiene usted ¡nadie más!

Estamos de acuerdo en que el infinito saqueo al que ha sido sometida la ciudad la tiene muy fea y acabada, que aunque no lo crean la pobre Bogotá recibe a diario casi 140 personas desplazadas por la violencia, sin contar la amplia migración estudiantil (y ahora de hermanos venezolanos). Uno oye que la gente dice que en Bogotá no se siente el conflicto armado (ese que el hoy senador Uribe afirma que no existe) pero, aunque no parezca, el conflicto está en nuestras venas, incrustado en el ADN, nos desgasta las horas, el alma y el bolsillo. Por eso hoy, quise tomarme el tiempo de plantearles una pequeña revolución interior, un ínfimo cambio de conciencia que a lo mejor nos ayude a vivir a la sufrida Bogotá de una mejor manera.

¿Qué tal, queridos bogotanos, si nos sacamos del chip y del ADN el viejo y colombiano refrán de "papaya puesta, papaya partida" y empezamos nosotros mismos a hacer algo por la ciudad? ¿Cómo? Mire, con pequeños cambios de actitud; son simples y si empieza a practicarlos se dará cuenta cómo uno ¡UNO! de nosotros puede empezar a hacer el cambio. Dejemos de partir cada papaya puesta y empecemos a pensar en colectivo. Aquí van nueve actos que yo misma procuro hacer y que si usted, yo, y cada uno empieza a ejercer, cambiarán un poco nuestra vida en la ciudad.

1. Respete al peatón: No parta cada papaya puesta. No ande como loco por las calles pasándose el semáforo en amarillo, pitándole a los otros tan pronto cambia la luz de paso, acelerando para que los peatones se quiten. Si empezamos a ceder la vía, a entender que no se trata de la ley del más fuerte sino al contrario y que el otro es importante, definitivamente tendremos otra Bogotá. No importa si usted viaja en auto, en moto, en bicicleta, en ciclomotor o a pie. Todos en algún momento somos peatones, respetémonos.

2. Respete los pasos de cebra: Viaje como viaje, respete las cebras. Si va a pie, procure pasar sólo por estos pasos peatonales y no corriendo como un loco por mitad de las avenidas, aprovechando "el papayazo" que le dan los carros. Y si va en vehículo, cualquiera (sí, el de la bici y el de la moto también) ¡No se monte encima de las cebras cuando el semáforo está en rojo! ¡Respete, deje que los peatones puedan cruzar libremente y no esquivando cada vehículo corriendo para no dar papaya! ¿Para qué pedimos mejores vías si ni siquiera somos capaces de usar debidamente las que ya tenemos? Seamos consecuentes.

3. En Transmilenio... Incorpore eso tan simple de "dejar salir primero es entrar más rápido": Pruebe y verá. Dé espacio (usted, no importa si los demás no lo hacen, deje de mirar la paja en el ojo ajeno sin mirar la viga en el propio). No se quede parado cual ladrón bloqueando las puertas. Deje salir y luego, entre con calma y no a los empellones. Créame, yo lo hago, con mi figurita delgada y femenina: me planto bien plantada y no dejo que me empujen, ni empujo y procuro entrar despacio ¡y no se imagina el placer que causa saberse dando una lección de civismo! Obvio, sólo un 10% lo entiende y capta el mensaje, los demás putean y continúan en sus quejas y codazos, pero ese es el principio del cambio: usted, y el 10% que lo observó cambian el chip, así sea solo un rato.

4. No bote basuras a la calle: ¡Por favor! ¡No lo haga! La ciudad permanece sucia y descuidada. A menudo no hace diez minutos que han pasado los "escobitas" recogiendo el desastre y ya hay basuras en las calles. Eso no es un problema de alcalde es de educación personal.

5. Procure andar por su derecha: Siempre. En las estaciones, en los andenes, en los puentes, en las calles, en los cruces peatonales conserve su derecha. Esto evita que ande estrellándose contra todos y refunfuñando entre dientes contra la ciudad.

6. Sonría: ¡Uff! ¡Ese sí que es un buen cambio! Está científicamente comprobado que al sonreír, usted envía una sensación de bienestar a su cerebro que, a su vez, produce un efecto biológico que impulsa a hacer cosas positivas, disminuye los niveles de estrés y se anda más despierto. Así que con este simple acto, usted no solo mejora su propia salud sino que mejora su entorno.

(vea el artículo "Una sonrisa reduce el estrés" publicado en BBC Mundo:

7. Use el Sistema Integrado de Transporte (SITP): ¡De verdad! No es tan difícil: Simplemente tiene que dejar de ser tan resistente al cambio, revisar en internet o bajar una de las tantas aplicaciones para smartphones que hay, cargar su tarjeta (sirve la misma de Transmilenio) y aprender, como un ser civilizado, a subirse y bajarse únicamente en los paraderos, como en toda ciudad civilizada del mundo. Además, tiene mil ventajas respecto a la buseta común: van más limpios, no están parando cinco veces por cuadra ni en la mitad de la calle a recoger y dejar pasajeros, no llevan música (eso es increíble: sin Tropicana, sin Candela, sin vallejarta ni chistes de la mañana. Un verdadero alivio para el oído y la mente), por ahora van más vacíos y casi siempre se pesca puesto, los buses van monitoreados satelitalmente, lo que lo hace más seguros (más respecto a las busetas), los conductores son gente formada por el SENA de los que el Distrito tiene todos sus datos y si usted la embarra y agarra el que no es, puede transferirse a otro pagando poco y, por si fuera poco, si no le alcanza para el pasaje ¡el sistema le presta! (bueno, a los que personalizan la tarjeta Tu Llave). ¿Y usted? ¿Quiere seguir usando los viejos y destartalados buses que paran en la mitad de la calle a dejarlo y que hasta hacen carreras con otros conductores poniéndolo a usted siempre en riesgo? ¡No sea tan resistente al cambio! ¡Evolucione y acompañe a la ciudad a evolucionar!

Eso sí, no estoy diciendo que el SITP sea la panacea. Sé que resulta insuficiente, tarda y tiene otros problemas, pero hermano, por lo menos es mejor que el sistema de las antiguas busetas.

8. Recicle: Sí señores. El polémico tema que le costó el pellejo a Gustavo Petro: ¡Recicle! ¡Separe! Hace unos años, Bogotá enviaba a Doña Juana cerca de 6.200 toneladas DIARIAS de basura.

Vea:

En los últimos años se han reducido entre 1.000 y 2.000 toneladas diarias y eso que apenas se calcula que un 15% de los hogares bogotanos estamos reciclando. Imagínese si todos lo hiciéramos. No es nada complejo: el 90% de las cosas que se desechan en casa son residuos re aprovechables y al botadero sólo deberían ir los desechos orgánicos, sanitarios y aquellos que ya están muy poco aprovechables (una bolsa absolutamente untada de una sustancia coloide como el arequipe o la miel ya es muy difícil de recuperar y el papel no debe estar sucio de cosas orgánicas- aceites, líquidos, etc. Lo demás no tiene ciencia). Lo único que debe hacer es poner en una bolsa blanca los residuos re aprovechables y sacarla dos horas antes de la hora en la que saca la basura común, los mismos días en que pasa el camión recolector por su casa ¡Y ya está! ¡No se le cae un dedo a nadie! Y si usted es de los que no confía en el sistema actual de recolección por asuntos políticos (yo misma no lo hago, pues cada alcalde de turno depende de qué tan cercano esté a los del negocio de las basuras: los Vargas Lleras, Arizmendis y Uribes) pues igual, separe y entréguele la bolsa al primer reciclador que vea pasar por enfrente de su casa: ellos lo agradecerán y usted, además de colaborar a mejorar el medio ambiente, ayuda en la economía de los más humildes, no con la de los de siempre.

9. Deje de quejarse: Su quejadera y la de todos los bogotanos no aporta nada. Al contrario, aumenta los niveles de estrés, decepción y sensación de fracaso. "Quien se queja, no sólo se afecta a sí mismo, puede afectar su entorno bien sea laboral, familiar y hasta social. Quien tiene esta práctica generalmente (...) se levanta cansado, no tiene energía, cuando no es que se siente muy enfermo. Domina varias sintomatologías que usa como dramas de control con el ánimo de paralizar su entorno tanto o más de lo que él mismo está"

¿Qué tal si invertimos esa misma energía que gastamos en quejarnos en opinar, crear y generar el cambio?

Sé que a muchos, estas nueve propuestas les parecerán ridículas o, al contrario, muy difíciles. Yo solo lo invito, usted decide si quiere cambiarse el chip y dejar de comerse cada papaya puesta y más bien comprarla usted mismo, picarla solito y ayudar a construir una mejor sociedad.

¡Que su conciencia lo guíe!

NATALIA SILVA RAMÓN

Una ciudadana cansada

Bogotá D.C. 2013