PAÍS DE MIERDA

07.07.2015

Ya no escribo de política, ya no llamo a esta patria "país de mierda", ya no me quejo por cada hueco ni por cada trancón, pero sigo llorando mis ríos y los de los hijos que no sé si tendré, mis mares, mi oro y mi gente, y digo "mi" con una especie de sentido de pertenencia porque siento que soy eso: soy el dolor de mi patria que me cala hasta los huesos, soy cada una de las mujeres que se guerrea este suelo, soy un ápice de la nada en medio del caos, soy de todos y de nadie; igual que esta ciudad rota y menguante.

Ya no soy la misma: la de la queja, la del puteo, la que siempre quiso huir, la que se fue ya dos veces y regresó con el rabo entre las piernas y rechiflada en su tristeza y soy lo que soy por cada noticia escuchada, por cada voz reprimida, por cada canto que no se escuchó, por cada maleta vacía o llena de mango y chontaduro. Me catalizo entre mis piezas, entre el cuerpo que se mueve, canta y respira, entre cada creación y cada pilatuna. ¿Cuál es el sentido? A veces me siento como "Bird Man" sin siquiera haber llegado a ser tan famosa como él. Pero tal vez sí soy una mujer pájaro, una mujer langosta, una chica con piel de foca o una lobezna entre la niebla. Una mezcla de ruido y silencio, de tristeza, moco y lágrima, un pedazo de mi patria, un trozo de la mierda que se vive... Y lo único que queda es entonces la creación. No sé si sirve o si es una inúltil e insípida construcción del ego, pero entre el moco, la sangre, la mierda y la nada, siempre la creación será el paracaídas que suaviza el abismo.

Natalia Silva Ramón

Bogotá D.C. Julio de 2015