Intimista: MI NUEVO BUENOS AIRES

02.06.2011

Mis zapatos rojos atraviesan los ríos de las calles de la ciudad. Sobre mí, un aguacero monumental y entre el aguacero y yo una pequeña sombrilla de colores playeros que no está hecha para esta lluvia, una rosa roja en mi pelo para demostrarme que a pesar de todo sigo florecida, el buso rojo comprado en el ya lejano invierno bonaerense y, atornillado entre mi hombro y mi mano, un bolso rojo y de charol brillante que llama la atención de los pocos osados que, como yo, caminan bajo el aguacero infernal.

Un taxi, un grito, el gris y el hambre entre mis huesos que cada vez se notan más. "Introspección", me dice aquel viejo amigo al que por casualidad escuché hoy. Sí, introspección ¡Qué palabra! - le digo-. Y la lluvia, y la rosa, y el bolso rojo, y mis zapatos que flotan ahogándose entre los ríos de la ciudad. Entonces canto y la gente se ríe de verme lavada, de rojo y cantando bajo la lluvia, qué digo lluvia: ¡el aguacero!

Por fin, el alma se me calma, como si la lluvia se llevara esta sensación de opresión y de tristeza que a veces se me cuela entre los huesos ¿quién soy? ¿qué sigue?.

Lavada como estoy entro a un elegante cafetín y pido un te chai para seguir recordando ese invierno lleno de té y cardamomo. Apenas pido algo para almorzar mientras destilo agua desde mis pantorrillas hacia abajo y le doy la orden a mi cuerpo de que engorde y deje de adelgazar.

Lluevo, llueve y la lluvia me lleva.

Descubro que hoy empiezo mi viaje. Un nuevo viaje, mi nuevo Buenos Aires.


Natalia Silva Ramón

Bogotá, junio 2 de 2011