Intimista: Gabriela

15.08.2014

Tomas entre tus manitas las mías y me dices - ¿por qué son tan pequeñitas?- Te parece mentira que ésta, tu tía, la que te carga, te lleva, te pone de sombrero y de bufanda, tenga unas manos tan cortitas, frágiles y torcidas. Si supieras, mi amor, cuántas cosas más de mí son cortas, frágiles y torcidas. Ya te irás dando cuenta, con tus ojitos rasgados y brillantes que le dicen a mi hermano -dime que sí, dime que sí me vas a llevar a la casa de la tía- irás descubriendo cómo se pelea a diario por estar tranquilo, cómo cada día la exploración continúa, cómo a veces pesa el tránsito por esta tierra pero cuán hermosa y agradable es la tarea.

Disfruto tanto tus carcajadas, tus múltiples preguntas, tus manitas, el robo de mis ligas de pelo que dices que serán tuyas para siempre. Te veo crecer, Gabriela, y me llena de orgullo verte hacerlo así; histriónica, saltarina, alegre, preguntona ¿por qué esto? ¿por qué aquello? Pero sólo lo preguntas después de que te has tomado el tiempo de analizarlo una y otra vez, sólo cuando aún no llega a ti la conclusión viene la pregunta: ¿tía, por qué salen burbujas del vaso? O ¿tía por qué tienes que trabajar? Hay cosas que yo también quisiera saber, Gabriela, angelito con nombre de arcángel. Yo también soy un manojo de preguntas que a diario quisiera responder. Trabajo duro en encontrar respuestas y, después, cuando creo que las he encontrado, trabajo en mejorar la situación, o cambiar mis patrones mentales. Soy una buscadora, Gabriela, eso soy, mi alma no para de cuestionarse cual adolescente metafísico aun cuando ya sobrepaso los treinta. A veces me acongojo, y no sólo porque no me traen el jugo de fresa que pedí o porque toca guardar el celular mientras estás en la calle. Cuán simples veo yo ahora tus tragedias y cuán enredadas veo las mías. Todos los días, un constante explorar, un constante responder, unas ganas inmensas de únicamente dedicarme a jugar y bueno, en el fondo eso hago, busco hacer de mi diario vivir un juego constante, un lugar dónde divertirme pero con una seria reflexión diaria. ¿Qué sigue para ti? ¿Qué sigue para mí? ¿A qué carajos vinimos a esta tierra y por qué carajos he elegido los caminos que he elegido? De vez en cuando podría decidir mejor, o dejar nuevamente que el río me lleve.

Esta mañana, por ejemplo, antes de ir a verme contigo, tuve una dura batalla conmigo, casi salgo perdiendo. No sabes lo que lloré por eso: Me volví a encontrar un patrón de pensamiento que pensé que ya tenía resuelto ¡Imagínate! Es como el salón de los espejos de Alicia, parece que no vas a salir nunca de ahí y te ves multiplicada miles de veces, a veces deforme, a veces más gorda, más pequeña, más alargada. Y en la tarde también, hoy tú fuiste mi espejo - al final, a veces creo que todos lo somos unos de otros - qué empecinados, qué complejos, cuánto nos tomamos a pecho las cosas.

Sólo quería decirte, Gabriela, pequeñita mía, cuánto me enseñas cada vez que te veo, cuánto me haces sonreír con tus manifestaciones de cariño y tus preguntas y, obvio, cuán frágil, torcida y pequeña puede ser a veces la vida.

N.S.R